La rabia nos ayuda a luchar, a defendernos a no rendirnos, pero no nos ayuda cuando tenemos que aprender, descubrir, enseñar o liderar. La curiosidad nos ayuda a aprender, a descubrir a experimentar, pero no nos ayuda a evitar peligros o a hacer frente a amenazas. Cada emoción activa nuestro organismo (mente, músculos, corazón, respiración, piel, sistema nervioso, atención, memoria…) de forma específica, generando una motivación concreta que nos ayuda o dificulta en cada situación.

Las personas que consiguen emocionarse de forma adecuada son consideradas emocionalmente inteligentes y su motivación específica para cada situación les hace la vida más fácil, adaptándose de un modo versátil al entorno. De forma inconsciente y través de las neuronas espejo, ante los mismos estímulos sentimos las mismas emociones que nuestros referentes. Si nuestros referentes han sentido la emoción adecuada ante un estimulo, nuestra emoción será adecuada, por lo que contaremos con una motivación ajustada para la situación.

Cuando nos referimos a sentir la emoción, no nos referimos a mostrarla, o a actuarla, nos referimos a sentirla, y a hacerla sentir, que es en definitiva la prueba de que nuestro cerebro está activando los neurotransmisores adecuados. En la relación con las personas para las que somos referentes, transmitimos lo que sentimos, y cuando simulamos otra emoción, generamos un aprendizaje confuso y dañino.

En la investigación dirigida por Roberto Aguado Romo (Vinculación Emocional Consciente), se ha demostrado que la reflexión, si no está acompañada de la emoción pertinente no es suficiente. Además, en muchas situaciones nuestro cerebro no es capaz de cambiar lo que siente a través del pensamiento, de modo que una y otra vez se disparan emociones inadecuadas que nos impiden desarrollar nuestro potencial y resolver problemas de forma adecuada.

En el ámbito educativo y profesional está demostrado que es necesario activar el conjunto de emociones C.A.S.A. para que se desarrolle el aprendizaje. Este conjunto de emociones, Curiosidad (DA + 5-HT), Admiración (ACH), Seguridad (5-HT) y Alegría (DA) son los pilares fundamentales para la adaptación continúa que necesita un alumno actual. Es vital que los vínculos entre las personas se cimienten en emociones C.A.S.A., por lo que los referentes de las organizaciones y la escuela tendrán que ser capaces de gestionar las emociones que sienten y las emociones que hacen sentir. Además de ser la clave del aprendizaje curricular, estas emociones resuelven conflictos, regulan el estrés, disminuyen la ansiedad y previenen la desmotivación. La salud emocional es la capacidad de activar la emoción adecuada para cada situación y un clima emocional saludable en la escuela es la llave tanto para los resultados académicos así como para garantizar la preparación al entorno social y profesional.

ARITZ ANASAGASTI – Psicólogo y Director en Emotional Network