¿Por qué el título “Emo-tivación”? Porque para motivarse hace falta emocionarse. Porque la motivación se produce cuando las emociones se ponen en acción. Por eso me parecía sugerente este juego de palabras.

Sin querer ser pedante, es bueno recordar las raíces de la palabra “Motivación”. Es la combinación de dos vocablos latinos “motus” (movido) y “motio” (movimiento), “motivus” (causa del movimiento). Desde la psicología y la filosofía, la motivación hunde sus raíces en aquello que a las personas les impulsa a realizar las acciones, a mantenerse en sus conductas y conseguir sus objetivos. Se relaciona con la voluntad y el interés.

Y llegado a este momento es cuando te lanzo una pregunta a ti que estás leyendo: ¿Qué te motiva?, ¿Qué te emociona?, ¿Qué te “emotiva”?. Y voy más allá; a ti educador: ¿Qué te motivó a dedicarte a la educación?. Es importante recordarlo, pues a veces la vorágine del día a día nos hace olvidarlo. Y de nuevo nos ayuda el latín, recordar, con raíz “cor-cordis” (corazón), es pasar de nuevo por el corazón.

Es cierto, las ilusiones iniciales, cuando se cruzan con las dificultades del día a día, los conflictos laborales, los problemas personales y el cansancio, pueden hacer mella en nuestra motivación. Por eso viene bien recordarlo. Cuando nos referimos a docentes dentro de una organización, hablar de motivación es hablar de cuatro aspectos:

  • Impulso: Ese esfuerzo para mejorar día a día, evaluarse, aprender del error, buscar maneras de seguir progresando. Este es un aspecto que muchas veces olvidamos: evaluar nuestra labor como educadores. Perder el miedo al error y descubrirlo como fuente de aprendizaje buscando áreas de mejora. Como profesionales, queriendo dar la mejor versión de nosotros mismos, es decir, la excelencia en nuestra labor docente.
  • Iniciativa: Dejar a un lado la pasividad. Esperar a que otros nos digan qué hacer o cómo hacerlo, incluso “vivir de las rentas” haciendo siempre lo mismo. Corremos el riesgo de instalarnos en nuestra “zona de confort” y perdemos oportunidades de experimentar la magia de nuevos aprendizajes. Y curiosamente, esto es como hacer deporte, cuanto más prácticas, más agilidad tienes, más en forma estás, y más fácil resulta afrontar nuevos y apasionantes retos. Estamos en pleno cambio de paradigma educativo, ¡lánzate a descubrir nuevos retos! ¡Emociónate con lo que haces!
  • Optimismo: Este es un aspecto muy difícil. Pero el optimismo nos da la persistencia en nuestros objetivos. Aquí tenemos que batallar con las dificultades, con los disgustos y desencuentros. Y es donde entran en juego las emociones de una manera más intensa. Aprender a gestionarlas es la clave. El desánimo puede poco a poco minarnos, la crítica y el “critiqueo” (no existe la palabra, pero lo practicamos mucho), ver solo lo negativo sin tomar partido para cambiarlo. Saber detectar cuándo he entrado en esta dinámica es muy importante. De igual manera lo es identificar los focos de pesimismo, ya sean circunstancias o personas, y poner distancia. El sentido del humor, saber reírse de uno mismo y de las circunstancias es fundamental. Evidentemente el tiempo también es importante, y saber aguantar en los momentos difíciles sin desanimarse, siendo difícil, es fundamental.
  • Compromiso: “Prometerse-Con”, hacerse uno con la misión que llevas adelante, con la organización. Cuando no nos comprometemos sentimos en lo más hondo que nuestra labor es mediocre o superficial, no nos llena. Evidentemente estos son mecanismos inconscientes. Comprometerse con el alumno supone buscar para él lo mejor de sí mismo, y que consiga sus metas. Eso es poner al alumno en el centro, que él sea el protagonista de su aprendizaje. Comprometerse con el centro, su ideario y su vida interna; supone salir de uno mismo, su individualidad y sentir como suyas las actividades, y por ende, participar de ellas, escolares y extra-escolares. Interesarse por lo que hacen los compañeros, sus proyectos, excursiones… Participar de la vida pastoral del centro sintiéndola como nuestra. Comprometerse podría ser “comprar” y “meterse”; compro lo que quiero, lo que me gusta y deseo, por lo que hemos de amar y desear lo que hacemos; y a la vez meterse, vivirlo desde dentro, desde dentro del centro y desde dentro con profundidad. En la medida que nos comprometemos en lo que hacemos y salimos de nosotros mismos, lo dotamos de sentido. Como podrás comprobar me he centrado en nuestra labor como educadores. Igualmente deberíamos ver este aspecto con respecto a los alumnos. Pero esto sería tema para otro post.

En definitiva, Motivarse y Emocionarse se hacen clave en nuestra labor como docentes en el día a día. Si no te emocionas con lo que haces no hay motivación; si no hay emoción no hay aprendizaje, no hay evolución. Por lo tanto ¡“Emo-tívate”!

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IZASKUN GUTIERREZ – Responsable de Innovación en el colegio Claret Askartza