En la década de los noventa, el psicólogo Anders Ericsson organizó un curioso estudio sobre la relación entre creatividad y práctica. Dividió en tres grupos a los estudiantes de la Academia de Música de Berlín de acuerdo a la originalidad de sus propias composiciones. Constituyó el grupo de los aprendices más creativos y resueltos, el grupo con resultados medios y el grupo de aquellos con una baja tendencia a la composición. Anders hizo la misma pregunta a todos: ¿cuántas horas dedicas a practicar con el instrumento? Las respuestas no dejaron lugar a dudas. Los alumnos más creativos dedicaban un número de horas muy superior al resto de los grupos. Años más tarde, Malcolm Gladwell, analizó en profundidad este experimento acompañándolo de nuevas pruebas en el libro “Fuera de Series”. Malcolm ha popularizado la regla de las diez mil horas: toda persona puede convertirse en un creativo experto de cualquier ámbito cuando invierte diez mil horas de práctica.

Tras el éxito de la teoría de las Inteligencias Múltiples, también Howard Gardner le echó mano a la creatividad escribiendo “Mentes Creativas”. En este nuevo trabajo elaboró una síntesis de las estrategias de creación compartidas por destacados representantes de cada inteligencia. A su vez, en “La bañera de Arquímedes y otras historias del descubrimiento científico” David Perkins analizó las estrategias de pensamiento relacionadas con la creatividad. Tanto Howard Gardner como David Perkins llegaron a conclusiones similares. Existen dos tipos de estrategias para resolver problemas:

  • Unas son las operacionales, aquellas cerradas con procedimientos y algoritmos rigurosamente establecidas. Éstas son fórmulas, análisis sintácticos, comparaciones, organizadores de contenidos, esquemas, deducciones, inducciones, síntesis…
  • Otras son las estrategias creativas, más inventivas, intuitivas, imaginativas, es decir, heurísticas, para lograr una solución a la que no podemos llegar con operaciones previamente establecidas.

La creatividad está presente en la matemática, en la enseñanza, en la literatura o en nuestro día a día. El reto de escribir una novela obliga a los escritores a lidiar con problemas como la caracterización y la creación de personajes. Éstas son cuestiones irresolubles si solo contamos con estrategias operacionales.

En el año 2012, el libro “Creatividad práctica” de Todd Henry batió todos los récords de ventas. Todd expulsó a la creatividad de su mausoleo dorado, compuesto por personalidades geniales y fuera de serie, para devolverla al ejercicio cotidiano al alcance de todo aprendiz. El investigador Steven Johnson hizo lo propio en su libro “¿De dónde vienen las buenas ideas?” Asimismo, el profesor de la Universidad de Michigan Jeff De Graff, ha dedicado su trabajo a identificar diferentes técnicas para impulsar la creatividad y las ha organizado en cinco clases distintas. Está la creatividad:

  • La mimética, que consiste en la copia y en la simetría
  • La asociativa, con juegos de palabras y dinámicas de interpretación
  • La analógica, que se apoya en metáforas, escenarios imaginativos y visualizaciones
  • La narrativa con prototipos, historias y storyboards
  • La intuitiva, con actividades imaginativas, evocadoras y ensoñadoras

ALFREDO HERNANDO – Educador, investigador y director del proyecto “escuela21